La Flor de la Vida es uno de los símbolos más antiguos: círculos que se entrelazan formando una figura perfecta, presente en templos y culturas de todo el mundo. Representa la conexión entre todo lo que existe. Colgada junto a una ventana, esta pieza en acero inoxidable deja pasar la luz del sol a través de su cristal facetado, llenando el espacio de pequeños destellos de color.
Las cuentas de colores, uno para cada centro energético del cuerpo, acompañan el descenso hasta el cristal, el punto donde nace el efecto de arcoíris.
Por su significado y su delicadeza, es también un detalle bonito para regalar a alguien que valora la calma y la armonía en su hogar.
Trabajamos con proveedores comprometidos con la iniciativa BSCI, que garantiza condiciones laborales justas en toda la cadena de producción.
Ficha técnica
Composición: acero inoxidable, cristal facetado, cuentas de colores
Uso: ideal para interior; elementos decorativos de las fotos no incluidos
Tamaño: aprox. 40 cm
Detalles del producto
CSD16FL
Ficha técnica
Composición
Acero inoxidable y cristal facetado
Tamaño
aprox. 40 cm
Rated 4.00 on the scale 1 - 5 based on 1 customer reviews
Laura T.
Compra verificada
01/12/2025
Buena experiencia
Tuve una duda antes de comprar y me atendieron con mucha amabilidad.
Transparente y facetado, este ángel de cristal deja pasar la luz sin filtros, multiplicándola en destellos limpios y brillantes. Pureza y calma en una sola pieza para tu hogar.
Cinco mandalas con el patrón de la Flor de la Vida giran despacio en cuanto enciendes la vela, envolviendo la habitación en un dibujo geométrico de luz. Un símbolo milenario para tu hogar.
Un mandala calado en acero inoxidable, con cuentas multicolor y un cristal facetado que reparte pequeños arcoíris por la habitación. Equilibrio hecho decoración.
Una figura estilizada de Buda en posición de meditación, con los colores de los siete chakras, desciende hasta un cristal que atrapa la luz. Un toque de color y calma para cualquier ventana.
Un corazón calado en acero inoxidable con cuentas en tonos rojos y un cristal facetado que llena la sala de reflejos de arcoíris. Un detalle con mucho sentimiento.
Un mandala en tonos vivos, símbolo de equilibrio y armonía, desciende hasta un cristal facetado que atrapa la luz del sol y la convierte en pequeños arcoíris sobre tus paredes.